Un estudio reciente y detallado de 21 fundaciones comunitarias en México muestra que estas organizaciones fortalecen el tejido social y juegan un papel central en el crecimiento de un nuevo tipo de filantropía en las comunidades mexicanas.
Según información financiera de 2007, las fundaciones comunitarias han recaudado, desde su creación, más de $336 millones de pesos en activos, que provienen principalmente de fuentes privadas locales. Esta cantidad coloca a México a la vanguardia de la filantropía comunitaria en América Latina. Lo anterior, opinan los autores del estudio, es aún más significativo si se considera que muchas de las 21 fundaciones comunitarias son relativamente nuevas y operan con poco personal.
El estudio fue financiado por la Fundación Charles Stewart Mott, la Fundación Ford, el Fondo Global para Fundaciones Comunitarias y la Fundación Interamericana, y fue realizado por un equipo de investigación binacional integrado por Teamworks, con sede en San Francisco, California, y Alternativas y Capacidades, con sede en la Ciudad de México. El objetivo de la investigación fue establecer una visión actual de las fundaciones comunitarias en México, describiendo sus características principales y el sistema de apoyo para su desarrollo.
Las fundaciones comunitarias son organizaciones sin fines de lucro que se enfocan en áreas geográficas definidas -ciudades o estados-, que buscan desarrollar una cultura filantrópica, y que trabajan para fortalecer la sociedad civil. Las fundaciones comunitarias mexicanas han surgido en regiones que van de la frontera entre México y EEUU en el Norte -en las ciudades fronterizas de Tijuana y Ciudad Juárez- a Oaxaca en el Sureste del país.
El estudio muestra que las fundaciones comunitarias están teniendo un efecto favorable en sus comunidades, otorgando donativos, ofreciendo capacitación, y creando redes locales para atender asuntos prioritarios. A través de ellas, México se ha convertido en pionero en América Latina al usar la filantropía para fomentar la acción ciudadana, combatir la pobreza, ensenar a la juventud los beneficios de involucrarse con su comunidad y proveer opciones productivas viables en ´reas rurales e indígenas para mantener a las familias unidas.
"Este estudio creará conciencia sobre las fundaciones comunitarias, al exponer cómo gente de todas las clases sociales, desde ricos hasta pobres, pueden combinar sus recursos -dinero, tiempo y talento—para buscar soluciones duraderas a nuestras necesidades." comentó Karen Yarza, Directora Ejecutiva de la Fundación Comunitaria de la Frontera Norte. "Somos una fundación relativamente joven y para nosotros, en Ciudad Juárez, el estudio le dirá a la gente que somos parte de un grupo de fundaciones comunitarias que están trabajando en todo el país, que estamos creciendo y nos estamos fortaleciendo, que estamos cambiando las cosas y nos estamos fortaleciendo."
El estudio también documenta cómo líderes cívicos se han involucrado de manera activa en la creación de algunas de estas organizaciones. También describe cómo empresarios y otros líderes comunitarios han otorgado recursos y han contribuido voluntariamente con su tiempo para fortalecer la sociedad civil, reconociendo que ésta es una pieza clave para una democracia.
"En México sufrimos desigualdades sociales y económicas graves y yo soy testigo de cómo estas fundaciones pueden cambiar la vida de las personas." dijo Jorge Contreras, un empresario de Ciudad Ju&aaucte;rez que integra los directorios de dos fundaciones comunitarias. "Agregó que es muy gratificante que este estudio aporte evidencia de que las fundaciones comunitarias ofrecen una manera eficiente y efectiva para involucrar a la gente en la filantropía. Espero que este estudio motive a la gente a preguntar qué es lo que pueden hacer para ayudar."
El estudio apunta que aunque en México existe una tradición asistencial, la filantropía profesional y estratégica apenas está emergiendo y aún hay muchos retos por delante. En 2007 había 5,000 organizaciones no lucrativas autorizadas para recibir donativos deducibles de impuestos en México (ese número ha crecido a un poco más de 7,000). En contraste, en los Estados Unidos, con una población tres veces mayor, existen casi un millón de estas organizaciones.
En México, por mucho tiempo las organizaciones de la sociedad civil han competido por acceder a recursos limitados. Uno de los retos que resalta el estudio es que en la población prevalece la visión tradicional de que el gobierno o la iglesia son los que deben satisfacer las necesidades de los m&acuate;s desfavorecidos.
En las actuales circunstancias de la economía global, que afectan a todos los países, el trabajo de las fundaciones comunitarias será cada vez más requerido e intenso. El informe señala que las fundaciones comunitarias enfrentan el desafío de obtener recursos en momentos en que hay una menor disponibilidad de dinero, el peso se ha devaluado y las necesidades crecen de manera exponencial; pero también sostiene que estas fundaciones ofrecen la oportunidad de una inversión a largo plazo para fortalecer a la sociedad civil en México y, por tanto, a su democracia.
El estudio ofrece cinco recomendaciones para fortalecer el campo de las fundaciones comunitarias en México: 1) construir un sentido de comunidad entre las fundaciones; 2) promover la capacidad para demostrar impacto y aumentar su visibilidad; 3) fomentar su profesionalización y su fortalecimiento institucional; 4) incrementar los recursos; y 5) crear un ambiente más favorable.
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